Economía y Desarrollo Sostenible

El Gobierno renuncia al tren en la España Vaciada y desliza el fin del servicio público (por Luis Garrido)

Estación de Linarejos-Pedroso

Vecinos caminan por la estación de Linarejos-Pedroso.Emilio Fraile

(Artículo publicado en La Opinión de Zamora el  9 de enero de 2022, aquí)

La nueva Estrategia de Movilidad señala un “coste desproporcionado” de las líneas y dice que el transporte no garantiza mantener población

La provincia de Zamora acaba de estrenar la Alta Velocidad, pero puede ir preparándose para el desmantelamiento del resto de sus infraestructuras ferroviarias. El tren no será un elemento vertebrador de la España Vaciada y las obligaciones de servicio público pasarán por un procedimiento de revisión que, previsiblemente, terminará con el cierre de líneas como la Valladolid-Puebla de Sanabria. Así lo dicta, con otras palabras, la Estrategia de Movilidad Segura, Sostenible y Conectada 2030. Un documento que acaba de recibir el visto bueno del Consejo de Ministros y cuya aprobación supone cumplir uno de los hitos pactados con la Comisión Europea para recibir los fondos comunitarios de la recuperación. Es decir, que será de obligado cumplimiento.

La medida propuesta por el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana sobre el futuro ferroviario se carga de un plumazo la declaración de intenciones incluida Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico presentada a bombo y platillo a principios de 2021. Aquel documento estrella de la cartera de Teresa Ribera hablaba en su introducción de “la igualdad de derechos y oportunidades en todo el territorio”, pero no se refería, por lo visto, al tren de viajeros.

Y es que, esta Estrategia de Movilidad parte de una premisa difícil de entender para la lucha contra la sangría poblacional. De forma literal, el Ministerio de Movilidad señala que “el desarrollo de infraestructuras de transporte no garantiza que las áreas rurales dejen de perder población”. Y por encima de esto, el documento apunta que “la conectividad no debe identificarse con modos de transporte concretos, menos aun cuando se trata, como el ferrocarril, de modos que para ser eficientes requieren de altas demandas y altas concentraciones de población que no se dan en el ámbito rural”.

El idioma gubernamental, por lo tanto, es el de la eficiencia. Una eficiencia que, como se aclara líneas más abajo, es puramente económica. De hecho, el documento pone negro sobre blanco que el coste de mantenimiento de la infraestructura ferroviaria en las zonas rurales es “elevado y desproporcionado”, algo que unifica a la “inexistencia misma de operadores que aceptan prestar servicios comerciales en estas líneas” y a una “falta de justificación en términos de sostenibilidad”. Palabras que allanan el terreno para la decisión final: “Todo esto hace inviable la solución del ferrocarril para resolver la movilidad en determinados territorios”. Y, por si quedaban dudas, el Gobierno de España aclara que “es esencial centrar el objetivo en dotar soluciones de movilidad ajustadas a las demandas y no aumentar el gasto público en servicios que puedan tener una utilización más limitada”.

Una serie de justificaciones que ponen en el punto de mira a las obligaciones de servicio público y a la premisa de prestar igualdad de servicios a los ciudadanos independientemente de si resultan o no deficitarios desde el punto de vista económico.

“Ridesharing”, “carpooling” o vaya usted andando si no tiene cómo ir

Que alguien le explique al señor de Abejera que mañana cogerá el tren a las 7.43 horas para ir a consulta al Virgen de la Concha que, en un futuro no muy lejano, tendrá que hacer “carsharing”. O “carpooling”. O quizá “ridesharing”. Que se lo expliquen, porque esa es la propuesta del Ministerio de Movilidad para garantizar el transporte en los pueblos de la España Vaciada. En castellano de diccionario, lo que significan esas palabras es “búsquese usted la vida”, aunque con diferencias apreciables. Así, se propone explorar soluciones de movilidad compartida como pueden ser los servicios que pongan a disposición de los usuarios tanto motos como coches de alquiler para cortos periodos de tiempo en múltiples ubicaciones. Esto sería “motosharing” y “carsharing”.

También, se apuesta por servicios de transporte colaborativo que conecten a los pasajeros con los conductores de vehículos registrados para compartir coche en viajes esporádicos o trayectos de larga distancia (“ridesharing”) y servicios para compartir viaje para distancias más cortas y frecuentes, como ir al trabajo (“carpooling”). La vuelta de tuerca es que, además de todo esto, se propone que sean los propios municipios los que faciliten los vehículos a sus vecinos.

Y si esto no sacia la necesidad de transporte de los vecinos, pues que vayan andando, como sugiere la Estrategia al decir que “una línea de trabajo es reforzar la movilidad entre municipios con sendas peatonales y ciclables no solo dirigidas al ocio y al turismo”.


Para España vaciada (por Pablo Simón)

Para España vaciada

(Artículo publicado en El País, el 13 de diciembre de 2021, aquí)

En un entorno fragmentado es posible ser decisivo con pocos diputados y la rentabilidad de emular al nacionalismo periférico es cada vez mayor

Cuando un concepto echa a andar cobra vida propia. Esto pasa con la “España vacía” o, en su versión condescendiente, la “España vaciada”. Si el término ya había hecho fortuna los últimos años, ahora que se habla de un potencial partido que la represente, el interés aún es mayor. Tanto se ha inflado esta burbuja que hoy es un win-win para esos territorios; se materialicen o no las candidaturas, el disputado voto del señor Cayo tendrá más interés que nunca para los partidos políticos tradicionales.

Aún no sabemos con qué fórmula se concretará el partido del significante vacío ni tampoco con que fuerza irrumpirá según la región. Que no les despisten, de momento las encuestas no afinan a nivel provincial. Sin embargo, al margen del daño que harán al PP y al PSOE (especialmente al partido que quede segundo), estas candidaturas son un buen síntoma del signo de los tiempos: en un entorno fragmentado es posible ser decisivo con pocos diputados y la rentabilidad de emular al nacionalismo periférico es cada vez mayor.

Cosa distinta es que debajo del paraguas de la “España vacía” haya una realidad única. En un libro reciente Fernando Collantes y Vicente Pinilla recuerdan que en la España rural viven hoy más personas que hace un cuarto de siglo. Es verdad que muchas comarcas del interior sufren un acelerado envejecimiento y despoblación, pero hay otros municipios que han aumentado de tamaño. La mistificación que se hace desde las tribunas urbanitas sobre el entorno rural (y que tanto enerva a los que verdaderamente somos “de pueblo”) no hace justicia a la heterogénea realidad de nuestro país.

La concentración de poder en las grandes ciudades es un fenómeno global empujado por cambios tecnológicos y la terciarización de la economía, lo que hace que tratar de modularlo se parezca a batallar con las mareas. Pero, de nuevo, no es imposible. Se sabe que aquellos lugares que han retenido más población son los que tienen economías más diversificadas del sector agrario y en ese sentido deberían ir las inversiones, sobre todo las locales y autonómicas. Se puede llevar el Senado a Palencia o invitar a refugiados de Siria a repoblar municipios de Soria, pero eso son titulares, no políticas públicas de fondo. En Francia o Suecia, donde las zonas rurales reverdecen, es el mercado laboral y/o residencial el que hace de tractor.

Bienvenido sea el interés con el que algunos descubren que hay vida fuera de las capitales, pero ojalá que en este debate las narrativas no tapen la discusión sobre medidas concretas. Si la espada de Damocles de la amenaza electoral es necesaria como palanca para ello que así sea, pero no se olviden que el objetivo no debería ser atar a la gente a un territorio, sino que tenga oportunidades para poder decidir si se queda o no.