P or sistema se entiende un conjunto de elementos que, relacionados entre sí, contribuyen a la consecución de un fin común. En Educación formamos parte de este sistema los profesores, alumnos, padres y la administración educativa. El objetivo óptimo sería que los alumnos tuvieran una preparación para vivir en sociedad y una cualificación profesional para su vida laboral.
Todo sistema necesita que sus integrantes estén perfectamente engrasados unos con otros. Si falla una parte, no se consigue el objetivo. En España no conseguimos el objetivo, ya que tenemos más de un 30% de fracaso escolar, es decir, 3 de cada diez jóvenes o no saben vivir en sociedad o no tienen una cualificación profesional para trabajar o ambas.
Es sabido que para que un país crezca económica, social, tecnológica y culturalmente hace falta que sus habitantes estén preparados, cualificados, sean emprendedores, hábiles... Pero la realidad española es otra y muy dura. Sigan leyendo, por favor.
España, su Gobierno, se comprometió en Lisboa 2000 a alcanzar unos objetivos educativos en el año 2010 y a unificar por lo alto el nivel educativo de todos los países miembros de la Unión Europea. En el año 2000, ante los desafíos de la nueva economía basada en el conocimiento, los estados miembros de la UE se propusieron que para 2010 la economía europea debía «convertirse en la economía más competitiva y dinámica del mundo, capaz de crecer económicamente de manera sostenible con más y con mayor cohesión social». La educación y la formación profesional se consideraron claves para este objetivo estratégico.
Pero algo está fallando en España. En 10 años hemos perdido un 20% de la competitividad, mientras que Alemania gana un 13%. Según el informe 'The Global Competitiveness Report', estamos en el puesto 33 del ranking de competitividad, entre Estonia, Chipre y Brunei. Ideal puesto para la que era hace dos años la octava o novena potencia económica mundial.
Una de las causas de la disminución de la competitividad es la subida de los sueldos por encima de la productividad. Para aumentar la competitividad, la educación es crucial, pero en España, a sus gobernantes, les debe parecer lo contrario. Ojo a los datos.
En Lisboa 2000, España se comprometió a que la tasa de abandono escolar, el fracaso escolar fuera en 2010 del 10%. En 2000 era del 29,1% y en el 2007 del 31%. Y la media de la UE esta en el 14,8%.
Nos comprometimos también que los que acabaran la ESO en 2010, fueran el 80%. En el 2000 la acababan el 73% y en el 2007 bajó hasta el 69%.
Observarán atónitos estas cifras e irán comprobando que está muy bien escolarizar a todos los 'niños' hasta los 16 años, con el irresponsable 'café para todos'. Pero resulta que esos niños hablan con voz grave, les sale barba y bastantes deciden, el 30%, que pasan de estudiar, que 'pa qué', que es una rayada, y los dejamos al albur de la sociedad, sin ninguna cualificación profesional y sin orientación para que busquen trabajo y, en el mejor de los casos, pues están más abrigados en casa, con comida caliente y jugando a la Play.
Hay más datos desoladores, en los que no llegamos al compromiso del Consejo de Europa de Lisboa de 2000. Porcentaje de graduados en FP superior, formación continua de los trabajadores, etc. E incluso en la clasificación ofrecida por 'Times Higher Education' sólo coloca a la Universidad de Barcelona entre las 200 primeras del mundo, lo que sitúa a nuestro país a la altura de naciones como Malasia.
En este sistema fallamos todos. Lo vemos todos los días en las aulas y en las calles. Y no existe ninguna evaluación española del sistema. Sólo se evalúan a los alumnos (informe PISA, evaluaciones intermedias...) y no estamos precisamente en los primeros puestos. Y por deformación profesional califico objetivamente: tremendo suspenso al sistema educativo.
Suspendemos los profesores (desmotivados, desincentivados, sin autoridad ni reconocimiento), los padres (desinteresados, agobiados por falta de tiempo sin poder conciliar vida laboral y familiar), la administración educativa (desdibujada, 17 leyes autonómicas, insegura, 5 ó 6 leyes educativas en 10 años) y por reflejo de los anteriores, los alumnos (desvalorizados, tienen de todo e inmediato...). Hace falta más que una foto y un eslogan para girar el rumbo de esta nave, la educación, para que sea excelente sin exclusiones. Necesitamos una evaluación del sistema (de los profes, padres, administración y alumnos) que diagnostique la situación, proponga soluciones a medio y largo plazo y de esta manera crear ciudadanos críticos, libres, cultos, emprendedores y cualificados para una profesión. De esta manera generaremos puestos de trabajo que puedan generar valor añadido a este país. ¡Casi nada lo del ojo!, dijo un tuerto.
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