(Publicado en El Mundo-Reggio´s, aquí)
A CONTRAPELO
Lo que son las cosas. En el reciente Debate sobre el estado de la Nación, Zapatero tuvo que oír -dio pie para ello- que ni siquiera le quedaba la prerrogativa que le atribuye el artículo 115.1 de la Constitución: «El presidente del Gobierno, previa deliberación del Consejo de Ministros, y bajo su exclusiva responsabilidad, podrá proponer la disolución del Congreso o de las Cortes Generales, que será decretada por el Rey. El decreto de disolución fijará la fecha de las elecciones». La portavoz de UPyD le dijo: «Las crisis se las hace Rubalcaba y el fin de la legislatura se lo marca Erkoreka».
Según los nacionalistas, el presidente espera un comunicado de ETA que se pueda entender como definitivo y lo espera antes de septiembre para decidir si debe apurar la legislatura hasta marzo, con el fin de darse tiempo para hacer visible que el fin de ETA se ha producido durante su mandato.
Es el tanto de la honrilla. Probablemente, el presidente ya sabe que el asunto del final de ETA, en el que él tenía puestas muchas esperanzas en la primera legislatura, está amortizado a efectos electorales, que aquel vaticinio fallido hecho en 2005 en los pasillos del Congreso a un grupo de los suyos -«dentro de unos meses vais a ver cómo ETA se rinde ante este general»- no da un voto, ya lo dijo Rubalcaba. Pero puede que José Luis Rodríguez Zapatero se considere en deuda con el secretario general del Grupo Socialista en el Congreso el día en que fue a verlo al hospital después del atentado que sufrió en febrero de 2002. El propio Madina relataba en un artículo la promesa que aquel día le hizo su secretario general: «Te voy a regalar una Euskadi en paz». (El País, 20 de mayo de 2005).
Para la sentimentalidad presidencial sería una victoria póstuma la reivindicación de que no me equivoqué en el proceso de 2006, después de todo, según la clásica falacia post hoc, ergo propter hoc, que los socialistas han convertido en su cogito ergo sum: sostener que la debilidad actual de ETA es consecuencia de aquel proceso de paz porque ha sucedido después. A la hora de evaluar la evidente falta de capacidad para atentar de los comandos, cabe preguntarse si esto es la derrota de ETA.
Los terroristas no parecen verlo así. El último comunicado de hace dos semanas hacía suyo el triunfo electoral de Bildu en una valoración bastante verosímil. No se puede banalizar el hecho de que no maten; es bastante mejor que la opción alternativa. Pero nuestros terroristas no son psicóticos que maten por vicio, sino totalitarios que matan en busca del poder. Nunca han tenido tanto como ahora.
Hay algo muy turbador en todo esto. ¿Es posible que el calendario de la legislatura no lo tenga el astuto Erkoreka -como admitió desde la tribuna del Congreso el propio Zapatero-, sino la dirección de ETA?
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