Las razones de la mujer que envenena los sueños de Rajoy (por Ely del Valle)
Rosa Díez ha pasado en menos de un año de ser un humilde peón en el tablero político, a convertirse en un hábil alfil capaz de poner en jaque al principal partido de la oposición.
Publicado en El Semanal Digital-Desde mi Valle, aquí)
La cuestión resulta curiosa por varios motivos: primero, porque UPyD es, de momento, un partido cuyo programa político prácticamente se circunscribe al ámbito territorial. Si salimos a la calle y preguntamos a cualquiera cuáles son las directrices de UPyD en materia económica, inmigración, sanidad o política exterior lo más probable es que no tenga ni repajolera idea, sin embargo, y a pesar de ese desconocimiento, son muchos los que están dispuestos a votarle en las próximas europeas.
El segundo factor digno de análisis es por qué esos potenciales votantes no proceden del partido que gobierna- que ha sido el que ha provocado por rechazo el nacimiento de UPyD- y sí en gran medida del principal partido de la oposición que defiende precisamente el mismo discurso de Díez en materia antiterrorista, en defensa del castellano y en contra de la parcelación de facto del territorio nacional.
Se me ocurren varias razones para explicar esta situación: es posible que muchos votantes del Psoe que, perplejos ante lo que se ha dado en llamar "nuevo socialismo" de Zapatero se pasaron al PP ante los desmanes de la anterior legislatura, hayan encontrado en Rosa la guía espiritual para regresar a su socialismo de toda la vida; o que algunos de los simpatizantes de los populares estén escuchando en este partido de nuevo cuño un discurso lo suficientemente enérgico frente al poder vigente como para olvidar que estamos hablando de un partido de izquierdas puro y duro; o que la personalidad magnética y mediática de Rosa Díez, auténtica Juana Palomo de un partido del que es creadora, impulsora, portavoz, e imagen, se esté comiendo con patatas la estrategia del "sí pero no" de un Rajoy cuyo perfil se desdibuja por días.
Está claro que lo que mueve a los votantes son las ideas firmes, equivocadas o no. Somos un país que gusta de las cosas claras y el chocolate espeso. O negro o blanco; o de izquierdas o de derechas; o de Bisbal o de Bustamante. El centro, lugar utópico al que todos dicen querer pero que nadie sabe definir, ni da votos ni genera el entusiasmo y la fuerza necesaria para movilizar a las masas. Que se lo pregunten si no a Llamazares, abducido por su empeño en mimetizarse con el PSOE.
Los españoles tenemos un espíritu competitivo que sólo se nos alegra cuando el rival está definido y la estrategia propia también. Es ahí cuando ese entrenador que, según dicen, todos llevamos dentro nos empuja a saltar al campo con la intención de ganar. La Díez lo sabe y lo explota con esa dialéctica directa que tan bien utilizan los socialistas y en la que los populares, salvo algunas excepciones conocidas, se manejan peor que Paquirrín en una hemeroteca.
Zapatero y Rosa Díez llaman pan a lo que nos quieren vender como pan mientras que el PP sigue empeñado en vestirse de gris y explicarnos la fermentación de la levadura. Así salen después las encuestas: con una Rosa al alza que en vez de matar a la rosa en un ejercicio de canibalismo político, se esta convirtiendo en una carnívora a secas que amenaza con zamparse a la gaviota por las patas.
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