Decía un apreciado profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid, Rafael del Águila, que la posmodernidad –a pesar de la ambigüedad del término- define políticamente una crítica frontal al mundo ideológico de la modernidad. Una crítica que golpea por igual a fascismo, comunismo y liberalismo. Una crítica en la que las políticas fascistas de exterminio, el goulag comunista y el imperialismo liberal “se aúnan en definir el mundo de las ideologías como el mundo del horror político”. Esto quiere significar que las responsables últimas de la barbarie del siglo XX han sido las ideologías modernas. Automáticamente esto conlleva el que se alcen “frente a ellas una política de reivindicación de la heterogeneidad, lo concreto, local, particular, específico, peculiar, etc.”
En una sociedad civil plural como la de hoy en día, aquel profesor explica, en su trabajo titulado ¿De nuevo el fin de las ideologías?, que la reivindicación de la respectiva diferencia es “la manera en que las políticas de rebelión hoy pueden proceder a cortocircuitar los impulsos a la homogeneización del sistema de dominio prevaleciente. Los grandes movimientos ideológicos se ven reemplazados por los movimientos sociales: feminismo, pacifismo, ecologismo, movimiento gay, movimientos de afirmación cultural –gitanos, afroamericanos, etc.-, ocupas, etc.
No quiere decirse con esto que esos movimientos se comprendan a sí mismos como los posmodernismos quisieran, pero sí es cierto que sus características se acoplan bien al nuevo discurso. En medio de éste, Jorge Benavides Solís, Profesor Titular de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla, escribió el 2 de diciembre de 2005 en El País un notable artículo (“Grande y fea, por obra y gracia de una ocurrencia posmoderna”), en el que literalmente decía:
Qué difícil es aceptar lo evidente: la ciudad es el producto cultural más complejo que construye la sociedad; sobre todo por las innumerables interacciones que hace posible. Desde hace años insisto en esta idea apoyado en la opinión de algunos arquitectos y con el estímulo de las lecturas de Habermas, Luhmann, Morin. Sin embargo, los reduccionistas que contratan los PGOU, siguen creyendo que, al tenor de la Ley de Ordenación Urbanística, la construcción de la ciudad empieza con la ordenación del suelo y finaliza con la edificación de miles de casas y además que, como me decía el otro día una señora en un bar de Carmona, "mientras más crezca un pueblo, más moderno será".
Enorme equivocación. No es así. La ciudad objeto sin un sujeto colectivo solamente será un gran contenedor carente de vida urbana agradable y no por ser "nuevo" y grande necesariamente será moderno ni automáticamente hará posible una mínima calidad de vida.
Lo dicho se puede constatar en los crecimientos actuales del área metropolitana de Sevilla. Se ha ocupado una gran extensión de suelo para edificar centenares de miles de objetos inmuebles sin mayor control, obviando el entorno urbanístico, natural y cultural. Se edifica desmesuradamente pero todavía no se ha inaugurado ni un solo espacio de convivencia enriquecedora donde resulte cómodo y agradable vivir o estar y, lo que es peor: los actuales ensanches constituyen una insoportable tortura estética, son anodinos y monótonos. Para colmo, es difícil llegar a ellos porque carecen de un sistema de vías y de transporte público en condiciones. Recorrer nueve kilómetros de autopista al empezar el día, desde el Aljarafe a Sevilla, supone más de 40 minutos.
A nadie se le ocurriría llevar a un amigo extranjero para conocer la "Nueva Bormujos" o "La Rinconada del futuro" que además, al contrario de cuanto se dice, son insostenibles. Todos vamos e iremos a disfrutar de los pueblos, de la ciudad construida durante más de mil años (producto cultural complejo y además agradable).
La Rinconada ha sobredimensionado sus necesidades y por una ocurrencia madrileña unirá sus dos núcleos urbanos principales, uno con más de mil años de vida y otro con apenas sesenta, para que se construyan 8.500 viviendas muy cerca de las 14.500 que están previstas en Alcalá del Río y la Algaba. Una discutible intervención cultural. Una exagerada estimación que se ve estimulada y fortalecida por la Junta que está construyendo una autovía para llegar a Sevilla desde los pequeños pueblos de la Sierra Norte, no porque la requieran sino porque, presuntamente, así también podrán crecer con la desmesura que ya lo hace Burguillos (3.500 viviendas)…
Entre todo este desmadre urbanístico, una atenta y responsable lectora –de nombre Alicia- publica un breve comentario en el artículo que los Aires de La Parra dedicaron a instar el combate de la corrupción política, afirmando literalmente:
Ø Hay una corrupción peor que la urbanística, esta es la corrupción humanística y si no lo cree vea
http://usuarios.lycos.es/cartasdesdesevilla/hobbies.html
Nos ha picado la curiosidad y hemos entrado en esa dirección, de donde entresacamos:
Lo que no quieras que se sepa no lo digas a nadie..."(del refranero español) y menos publicarlo en internet". |
MI DEDICATORIA: |
Observan nuestros aires, por tanto, posiciones encontradas en el citado lugar, y nos ha hecho beber fuentes de sociología aptas para corregir equívocos, en concreto un párrafo lleno de sabiduría del profesor Manuel Castells, que vendría muy bien asimilar a todas las partes implicadas en ese complejo problema: “La influencia del lugar en que se vive y de su relación con la ciudad es un factor esencial en el sentimiento de marginación, discriminación y, en último término, desesperación”. Castells lo refería a la expresión violenta de miles de jóvenes franceses de origen étnico minoritario meses atrás, recalcando que “la concentración de sus vidas en espacios marginados y subequipados los estigmatiza y los aísla, al tiempo que les indica la frontera divisoria entre quienes son ellos y quienes son los verdaderos franceses”. Así, llegaba a concluir que “las barreras mentales se materializan en fronteras urbanas”, y esto es un mal posmodernista, que los sociólogos debemos ayudar a saltar, porque este muro estadístico y costumbrista se hace duro de superar en el mercado de trabajo o en el emprendimiento personal, a menos que sea en la economía informal, donde hay un emprendimiento floreciente de las minorías. Por esto mismo, urge la elaboración de nuevas políticas para los jóvenes, que les hagan trascender de la avaricia esa que sólo divulga que lo importante es acceder aquí y ahora al consumo y a la vida urbana.
Aires de La Parra
Sr.Buedo García:Gracias por su comentario y por visitar mi pàgina web en la que hablo de Enrique Abad,diputado mas votado del PSOE en Sevilla y al que el PSOE le debe mucho.
http://usuarios.lycos.es/cartasdesdesevilla/
Publicado por: alicia hermosa | 23/05/06 en 0:07
La posmodernidad en definitiva es la quiebra del optimismo antropocéntrico de v siglos de modernidad, las guerras mundiales, los genocidios de los totalitarismo, la crisis ecológica, las catástrofes financieras, la codicia y la corrupción de la política, justifican el desencanto. Ya no creemos en el progreso, caminamos en la niebla, la única esperanza se centra en la vigencia de los derechos humanos
Publicado por: henrique meier | 17/02/12 en 23:58